¿Quieres Saber Todo Sobre la Fábula la Lechera? Apréndelo aquí

La fábula la lechera, contiene incluida una muy buena lección, que sirve para todas las edades incluyendo a los adultos, es la mejor lección para entender que debemos llevar paso a paso nuestras metas para que estas puedan llegar a materializarse; si las llevamos de manera apresurada, nos puede pasar como a la lecherita y tropezar en el camino, consiguiendo que se derrumban los sueños de esta.

fabula la lechera

Fábula la Lechera

Cabe hacer mención de que a través de las fábulas; a los niños le podemos dar a entender y enseñar muy buenas lecciones de vida, muy valiosas para crear conciencia y emprender en ellos la inteligencia, asimismo la perseverancia y también el esfuerzo y con la facilidad que hay algunas que son asombrosas. (Ver también: Fábulas de animales).

Las fábulas son relatos cortos que únicamente no sirven para dar al niño una educación, sino que además como es el caso de la fábula la lechera, también son narraciones entretenidas que permitirán acrecentar en el niño el interés por la lectura. En lo que respecta a la fábula la lechera dice así:

Canturreando iba caminando una lechera, muy contenta además, ella iba camino hacia el mercado, llevando en su mano un cántaro lleno de leche. Esta iba alegre, debido a que en su imaginación, para su futuro ella visualizaba numerosas cosas hermosas. Cuando iba caminando se dijo:

-Como de buena calidad es la leche que en mis manos llevo, en el mercado me deberán pagar muy buen precio por esta; con el dinero que me den por ella, de inmediato me iré a comprar huevos un canasto repleto, llegare a incubarlos de buena forma para que se me den y por lo menos cien pollos nacerán de estos, que en el estío me rodearan. Siguió diciendo:

 

-Los cien pollitos venderé – continuo pensando- de lo que me den por los pollitos entonces llegaré a comprarme un lechoncito bien gordito y robusto, que con bastante esmero llegare a cebar y, una vez que este ya esté bien gordo y grande, también lo venderé y lo mejor que por una suma de dinero muy buena.

Después con esto me llegaré a comprar tanto una vaca como un ternero, que como todos, estará jugueteando el travieso por todo el campo, de la cabaña al monte y viceversa.

Continúo por el camino, y saltaba de felicidad, muy encantada con todos los pensamientos que en su cabeza estaban y, de repente por desgracia de ella, esta resbalo. Llegó a soltar el cántaro lleno de leche y, este ¡puff! Cayó al pavimento y trizas se hizo. ¡Pobre lechera!…así que adiós leche: -Adiós dinero – Adiós huevos – Adiós pollitos- Adiós lechón- Adiós vaca y ternero

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La lechera imaginativa, muy desolada observaba como el líquido blanco era absorbido por la tierra, y para más, se encontraba incluso un hambriento perrito que bastante complacido por la leche lamia lo que aún podía del suelo. Así que de todas las cosas que está pensó ya no se realizaría nada. Cada una de sus ilusiones se había desvanecido en tan solo un instante. (Ver articulo: Fábula la cigarra y la hormiga)

¡Oh, loca ilusión! ¡Qué encantadores palacios fabricaste y de hecho hasta de cristal, desaconsejada, en tu prolífico revoloteo!

¿Por qué razón no refrenas, tu linda lecherita, la exuberante alegría que en ese momento tenías? ¿Acaso no pensaste, ni por un momento siquiera, que brincando de alegría, al vislumbrar esperanzada tú nueva vida, se destroza tu anhelada esperanza? ¡Idealizaste excesivamente, lecherita ingenua, y debido a esto notaste rotas tus más caras ilusiones!

Fábula la Lechera Según Félix M. Samaniego

Había una vez en una granja una linda niña que vivía con sus dos padres. Esta buena chica era, que incluso hasta colaboraba con las actividades que había que hacer en su hogar, asimismo ella ayudaba con el cuidado de los animales de la granja, esta era su tarea.

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Un buen día, su madre le dijo: – Hija mía, en esta linda mañana todas y cada una de las vacas han dado buena leche y en cantidad y yo por mi parte no me hallo muy bien de ánimos. Tengo mucha fiebre y no me apetece que deba salir de la casa. Y tú me parece ya eres algo mayorcita, por lo cual deberás ir tú hoy a vender la leche en el mercado ¿piensas tu que podrás hacerlo?.

La niña, que sin duda era bastante servicial y además muy responsable, le contestó a su mamá amablemente: – Por supuesto, mamita, yo sin duda iré para que tú puedas descansar. La buena mujer, madre de la chica, al ver que su hija se encontraba tan dispuesta, le dio un beso en sus cachetes y le prometió que cada céntimo del dinero que se hiciera con la venta de la leche sería totalmente para ella.

¡Bastante alegre se puso! Así que tomó el cántaro bien lleno de  pura leche acabada de ordeñar y salió de la granja, dirigiéndose al camino que era más corto hasta la salida del pueblo donde se hallaba el mercado y donde debía vender la leche.

Caminaba con pasos leves y en su mente iba pensando y esta no dejaba de pensar. Lo único que hacía era pensar sin dejarle de dar vuelta, en lo que le dijo su mama. Que todo el dinero que recogiese iba a ser de ella; y continúa pensando hasta que llega al punto de preguntarse de qué forma iba a invertir cada una de las monedas que esta llegaría a conseguir a través de la venta de la leche.

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– Ahhh!!! ¡Ya sé lo que voy hacer! – Se comentaba a sí misma – Con todas las monedas que me van a dar por la venta de la leche, voy a poder comprarme al menos  una docena de huevos; estos huevos los voy a llevar hasta la granja, para que mis gallinas los calienten y ponerlas de incubaron, y ya una vez que lleguen a nacer los doce pollitos, iré y los cambiaré por un hermoso y robusto lechón.

Cuando ya esté, esté bien criado y se encuentre bien gordo y enorme. Es entonces cuando volveré al mercado y conseguiré que me lo cambien por una buena ternera que una vez bien crecidita está me dará a mi muy buena leche y en grandes cantidades, esto será leche a diario que conseguiré vender por muchas más monedas, y tendré un montón de dinero.

La niña se encontraba enajenada dentro de sus pensamientos fantásticos. Tal cual de cómo lo estaba proyectando, el cántaro con la leche que llevaba conseguiría que está fuera rica y podía de tal manera vivir de una forma mucho más cómoda para toda su vida.

Se hallaba tan contenta y alegre que de pronto se despisto, sin darse cuenta que en el camino se encontraba una piedra justo en el medio de sus pasos. Y de repente ¡zas! Tropezó… La pobre lecherita cayó fuertemente hacia el suelo; consiguiendo hacerse daño; pero fueron únicamente en las rodillas.

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Mientras que por otra parte el cántaro salió volando por el aire y al caer con fuerza en el suelo, este se hizo nada y se rompió en mil pedazos. Logrando con ello que la leche se derramara totalmente por todo el suelo y con esto, todos sus sueños se evaporan. Ya no tenía la valiosa leche para vender por lo cual todo lo que se había imaginado ya había acabado.

-¡Que desgracia!; ya no habría leche, por lo que adiós a mis huevos; adiós a mis pollitos, adiós también a mi lechón y además a mi ternero- todo esto se decía a sí misma la pobre lecherita entre las lágrimas que ensucian su cara –Eso me pasa por ansiosa y ambiciosa.

Con toda su amargura, llegó a recoger cada uno de los pedacitos que quedaron del cántaro y tristemente regresó a la granja junto a su familia, recapacitando sobre aquello que le había ocurrido por estar pensando y no estar pendiente del camino.

Resumen de la Lechera

La pequeña hija de un buen granjero, llevaba en su mano un cántaro que estaba repleto de leche, que sería vendida en el mercado del pueblo, y esta comenzó andar y así hacerse planes en su cabeza para el futuro y se decía:

– Cuando venda toda esta leche, con el dinero que me den, compraré al menos unos trescientos huevos. Los huevos, aun apartando aquellos que posiblemente no nazcan, me quedarán por lo menos unos doscientos pollos.

Cuando se encuentre listos los pollos para poder mercadearlos, los venderé y para entonces estos se encontraran a muy buen precio, de tal manera que más o menos para el fin de año tendré lo suficiente con la intención de luego comprarme el mejor de los vestidos del pueblo para poder ir a las fiestas con el puesto.

Una vez ya estando el baile con mi hermoso vestido, cada uno de los muchachos buscarán pretenderme, por lo cual yo los valorare uno a uno para escoger al mejor. Pero en ese preciso momento con una piedra la chica llego a tropezar, consiguiendo caer al igual que su vasija en el suelo tirando así toda su leche y viendo como la tierra la absorbía. Y de tal manera cada uno de los planes que ya tenía para la leche se terminaron en un santiamén.

Moraleja de la Fábula

No seas ambiciosa de mejor y más próspera fortuna.

Que vivirás ansiosa sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro.

Mira que ni el presente está seguro.

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Muchas de las personas, sin duda alguna sueñan y asimismo anhelan, con el hecho de tener demasiadas cosas o incluso de conseguir algo que sea importante o significativo para ellos en su vida, pero ciertas veces nos debemos preguntar, ¿Qué estamos haciendo para poder conseguirlo?.

Debemos ser muy realistas y no debemos poner todas nuestras esperanzas en un solo huevo o lo que es lo mismo en una cosa determinada, y que esta será el recurso por el cual lograremos dicha cosa y esta será la salvación de nuestras vidas. Esto no debe ser así, debido a que la vida te pone para que afrontes distintas y variadas circunstancias que uno mismo debe superar.

Y así se debe ir de a poco, no debemos tampoco ser personas impacientes con lo que pasará en el futuro. Ya que tenemos que ser precavidos, y observar todo nuestro alrededor, y el rumbo que le estamos dando a nuestro camino, ya que incluso nos puede sorprender cualquier obstáculo y allí llega el fin y nos priva de las metas que queremos alcanzar.

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¿Qué debemos hacer entonces?, pues bien, lo mejor será disfrutar de cada momento y de cada cosa que tengamos y del momento en que lo estamos llevando, se debe además encaminar muy bien lo que queremos para el futuro, ese futuro que tanto anhelamos, y todo ello se hará si cuidamos muy bien y de forma ordenada el presente en el cual estamos viviendo.

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